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Zion Hace El Ridiculo En El Coliseo De Puerto Rico


“Toda esta mezcla de emociones son muestra del amor. Hay veces que no nos corresponden, pero hay gente que sigue viniendo y eso es una muestra de amor. Estoy bien agradecido de que estén aquí. Gracias”, expresó el solista a una audiencia desbordada en gritos.
El exponente inició su show con una versión probablemente nunca antes escuchada de su éxito radial “Zun da da”.
Y es que la interpretó en vivo; es decir, sin la intervención de arreglos electrónicos en su voz. ¿El resultado? Un desafine constante que plagó las 27 canciones del recital, incluidas “Yo voy a llegar”, “Bésame”, “Alócate”, “Veo” y “Fantasma”.
En musicología, desafinar es emitir sonidos sin la continuidad correcta para que la estructura de una melodía se mantenga. Lograrlo tantas veces, no obstante, podría llegar a catalogarse –siguiendo las normas del mundo de Zion– como un talento poseído por pocas personas, pues lo natural es que los sonidos humanos salgan de la garganta restringidos por patrones.
“Hay muchas canciones, mucha música, pero ninguna como la de nosotros”, reiteró el rapero antes de subir a la tarima un Domingo Quiñones con gafas y gorra que se quedó esperando la reacción del público al llamado de bailar y cantar que hizo a los salseros-reguetoneros.
Silencio y unos tímidos aplausos fueron las respuestas de los presentes a su entonación de “Dos jueyes” junto a Zion, a quien la salsa le sentó bastante bien, pues le permitió ejecutar un verdadero baile más allá de los contoneos de cadera que ofreció de vez en cuando.
Un trato muy diferente recibió Akon. El artista de raíces sudafricanas cantó junto a Zion el hit de ambos, “The Way She Moves”, y luego, un popurrí de los suyos, lo cual convirtió a los presentes en coristas.
De una acogida similar gozaron unos bien afinados De la Ghetto, quien apareció en la tarima con “Your Body”; Jowell & Randy, con “Cuarto nivel” ; y Eddie Dee, con “Amor de pobre”, tema en el que intervino la trompeta de Humberto Ramírez.
No se supo si la orquesta dirigida por éste se adaptó a esa manera de hacer música, pues sólo se hizo sentir en las baladas románticas “Te vas”, “Oh, mami” y “Amor” junto al desmesurado galillo de Zion.
Con seguridad, ese detalle instrumental pasó inadvertido por los espectadores, desbocados en gritos, vítores y aplausos en el momento que Lennox, quien integraba junto a Zion el dúo Zion & Lennox, se unió a su ex compañero en un abrazo luego de cantar juntos “Bandida”.
La euforia aumentó cuando Zion, quien tuvo cuatro cambios de ropa, anunció que esa mancuerna se reintegrará en noviembre de 2008.
El adelanto lo dieron con “Te hago el amor”, “Don’t Stop”, “MVP2”, “Doncella” y un popurrí de otros “clásicos”.
“Yo como que escucho que piden otra, ¿verdad?”, dijo Zion para complacer con Lennox, interpretando “Tensión”, la apenas audible petición de una ñapa a las 11:40 de la noche, cuando su “world” ya se estaba despoblando.
El título de su concierto no podía ser más apropiado: “Welcome to My World”. El reguetonero Zion demostró en la noche del miércoles que vive en un mundo muy particular en el que ser cantante significa desafinar y gritar hasta la saciedad; en el que “The Perfect Melody” (“La melodía perfecta”), como se titula su disco, viene acompañada por una banda que apenas se escucha; y en el que los artistas invitados tienen luz verde para opacar al concertista principal.


Pero no es el único: el público que casi llenó el Coliseo de Puerto Rico en su modalidad pequeña, confirmó que se siente muy a gusto en ese otro planeta musical, sin que ello le impida empezar a abandonarlo por corillos (grupos de personas) antes de finalizadas las tres horas y 15 minutos que duró el espectáculo abierto por su colega Jadiel.

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